Campo de trabajo – Experiencias de encuentro con el Dios de Jesús en el mundo de la exclusión

La cárcel es un lugar privilegiado para encontrarse con el Dios de Jesucristo. Allí donde los excluidos, a los que nadie quiere, tienen rostro. La sociedad rechaza a las personas privadas de libertad, son los últimos. Precisamente por ser los últimos, los olvidados, Dios está en medio de ellos: “estaba preso y me visitasteis” (Mt 25,36). Si queremos encontrar al Dios de los pobres, el Centro Penitenciario de Basauri es un lugar adecuado. 

 

Campo de Trabajo en la Cárcel (30 abril al 3 de mayo)

Edad: de 29 a 55 años

Horario: de 9:00 h a 18:00 h (excepto domingo 9:00 h-19:30h)

Precio: 50 € / persona

Documentación requerida: DNI (sin caducar)

Plazas limitadas: mínimo 4 – máximo 8

Fecha límite de inscripción: 16 de marzo de 2020

Sesión formativa (imprescindible): 29 abril, miércoles (19:00 h a 21:00 h) 

 

Día tipo: 

9:00 h – 9,30 h: Acogida y desplazamiento

9,30 h – 12,30 h.: Actividad

12,30 h – 18:00 h: Desplazamiento, Comida y Lectura Creyente de la Realidad 

 

Testimonios personales

“Una vez que han pasado los días veo que ha sido una experiencia vivida, pero una experiencia sobre todo interior, silenciosa. Nada excitante, ni que da un subidón. Nada dulce y placentera, sino la experiencia de tocar a Cristo en la cárcel. No se entiende esta experiencia sin la clave de la fe. Me ha hecho recordar y palpar otra vez que Cristo está con el que sufre (…) Me ha extrañado sentirme cómodo dentro. Me ha gustado entrar, estar y compartir ese tiempo con esas personas necesitadas de cariño y tiempo. Esto me ha llevado sin querer a no juzgar, a sentirme en la presencia de Dios en los demás. ¿Quién soy yo para juzgar a los demás?”

(Campo de trabajo de adultos. Marzo 2019)

 

“Me sorprendió también cómo la cárcel es para muchos un sumidero de esperanza, que acaba desgastando, hasta un punto en que ellos mismos no recuerdan los derechos y la dignidad que les caracteriza como personas. En esa línea recuerdo que uno de los internos me decía que los voluntarios éramos los que llevábamos la alegría y la esperanza a la cárcel, donde sentían que no importaban a nadie. Que allí todos los días son iguales. Que el tiempo pasa desesperantemente lento y hay que “matarlo” con parchís, con cartas, con ajedrez, con palas… Vi en ese comentario la importancia de la labor de muchas personas que de manera constante dedican parte de su vida a ser esperanza para estos olvidados de la sociedad”. 

 (Campo de trabajo de adultos. Abril 2017)

 

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